viernes, 25 de septiembre de 2009

Las canciones patrióticas y la enseñanza de la Historia según Mario Carretero

Las canciones patrióticas y la enseñanza de la historia - DIARIO CLARIN 31-5-1998Carretero, Mario
Es de antiguo sabido que la música esculpe la emoción. Por eso, cuando nacemos nos cantan nanas, nos casamos entre las olas de un vals, vamos a la guerra al son de los tambores y nos morimos acompañados de algún otro salmo. Así, en el arroró de las canciones patrióticas se han mecido los cimientos mismos de nuestros primeros sueños de identidad, ellas han alimentado nuestros primeros afectos, al sentirnos miembros de algo que iba más allá de nosotros mismos. ¿Qué madre no recuerda con orgullo a su hijo abanderado -es decir, arropado por la gloria de la historia- mientras sonaba el himno nacional y quien no ha presentido la compañía de escalofríos cuando se entonaban los primeros compases de la música libertadora la vispera del 25 de mayo? No importa que no conociesemos en absoluto el significado de sus palabras, ni que sus frases fueran una especie de galimatías o de acertijo indescifrable. Lo importante es que acompañaban, alimentaban y sostenían eso que suele llamarse el amor a la “madre patria”, cualquiera que ésta fuese, y como coinciden al decir el psicoanálisis y el saber popular “madre no hay mas que una”.
En lo que concierne a la educación, todo ello está presente por igual en la mayoría de los paises. De Kuala Lumpur a Johanesburgo, de las dictaduras militares a la Cuba castrista, todas las naciones-estados parecen utilizar en su beneficio esa especie de “restricción cognitiva y afectiva”, instalada en la “carpeta del sistema operativo” humano, que tiende a ensalzar la imagen de la madre (patria), amarla con la ceguera de la pasión y sin el menor atisbo de crítica y, si llega el caso, defenderla hasta la última gota de sangre. Algunos politólogos han considerado a las naciones como “comunidades inventadas”, es decir como productos ideológicos procedentes de la Ilustración y el Romanticismo, que consiguen imponerse como ficciones en la mente de los ciudadanos. Sorprendentemente, esas ficciones suelen violar el principio de contradicción lógica, al ser falsas y ciertas a la vez. Falsas porque a menudo responden más a las deseos de poder de las brujas de Macbeth, que a la necesidad de los pueblos, y ciertas porque sin creer en ellas ninguna sociedad alcanzaría consenso ni progreso alguno. La creencia básica en el “nosotros”, elemento imprescindible para la configuración de cualquier nación, se basa al fin en una ilusión calderoniana, y dicha ilusión se forja, entre otras cosas, al calor de las canciones de la escuela. De esta manera se va instalando y tomando forma en nosotros la emoción que cimenta la relación entre todos los miembros de una misma nación y que nos hace tenerla como la reina que inspira nuestros cánticos. Ahora bien, ¿qué tiene que ver toda esa concentrada dósis de afectos, bajo la forma de encapsuladas notas musicales, con la enseñanza de la Historia (con H mayúscula), es decir, en tanto que adquisición de un saber reflexivo y crítico sobre la realidad social presente y futura? Parece que muy poco, al menos tal y como suelen practicarse los cánticos patrios en muchos paises, ya que por la mencionada enseñanza entendemos sobre todo el enriquecimiento de los conceptos en la mente de los estudiantes, el pleno ejercicio de la razón y la aceptación de visiones alternativas sobre el pasado. ¿Estamos entonces defendiendo la erradicación de las canciones patrioticas en la escuela? Como diría un dicho popular "gallego", ni si ni no, si no todo lo contrario. Es decir, defendemos la presencia de dichas canciones en el marco de una emoción que no nuble el raciocionio ni impida el progreso del conocimiento, y deje espacio didáctico para la demarcación semántica. Así, podrían situarse dichas canciones junto a las estrategias didácticas que intentan conseguir que el alumno comprenda, según sus posibilidades evolutivas y contextuales, los contenidos académicos y se desarrolle más plenamente como ser humano. Algunos ejemplos permitirán discernir que no hablamos de imposibles: enseñar el significado y el contexto en el que se elaboraron dichas canciones, compararlas con las de otros paises, discutir el sentido y la significación de los himnos, relacionarlos con las músicas actuales (Charlie García dixit) etc. En definitiva, todo ello aumentará las posibilidades de ampliar el campo de conciencia sobre la naturaleza, origen y formato de los propios símbolos. Y ya que hablamos de canciones, recordemos que el maravilloso cantante cubano Bola de Nieve decía que “no se puede tener conciencia y corazón”. Pero sin duda eso ocurre de manera inevitable en las trágicas historias de los boleros. Pero la escuela debe aspirar a algo más que al fracaso sentimental anunciado de boleros y tangos, y esa doble función de favorecer la conciencia y el corazón a la vez es justamente la que deberían cumplir las canciones patrias y la enseñanza toda de la historia en la escuela

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